Una cosa patética de cualquier tipo de accidente, es que si
no se modifica nada, siempre se repite con el tiempo.
Un accidente típico para los voladores veteranos de ala, es el
no engancharse a su máquina voladora. Entonces, lanzándose
en vertiginosa carrera hacia el abismo, se comprueba como el Ala por si
sola vuela pero ellos por si solos no. Los resultados posteriores son imprevisibles
aunque todos pasan por el batacazo y muchos también por el servicio
de Pompas.... Que pena que por una cosa tan sencilla uno pueda sufrir consecuencias
tan graves.
Y a mi también me ha pasado. Recuerdo que siempre despego con
carrito cuando hago remolque con ultraligero. Así muy bien porque
aunque quieras, no puedes salir sin engancharte. Al tumbarte para adoptar
la posición de despegue el resultado es evidente. Pero como somos
pilotos todo tiempo, también tenemos que saber salir sin carrito
como desde cualquier montaña, y ese día y con prisas teníamos
que hacer una prueba de esta otra forma de despegar.
Recuerdo también como el famoso carrito, que no lo habíamos
recogido del anterior despegue, molestaba un poco en medio de la pista,
pero seguro que no pasaría nada...
Y así estaba, mi mente distraída en estas dos cosas, y
con la tranquilidad del que ya domina la situación. Levanto el ala,
tenso la cuerda, compruebo el viento y que el ala está equilibrada
y doy la señal de despegue.
Con el viento frío y constante de diciembre, mi ala vuela estupendamente
y enseguida coge sustentación, empezando a elevarse a medida que
yo me acelero en la carrera. Y se eleva y se eleva, hasta que cuando su
barra de velocidad me queda a la altura de la nariz algo me dice que pasa
algo. No estoy enganchado y, como seguir a un ultraligero en carrera de
despegue y sin alas debe tener unas consecuencias espantosas, decido apearme
lo antes posible y acciono la suelta todo lo rápido que puedo.
Como hasta entonces voy ganando velocidad, mi ala sigue subiendo y voy
adoptando la típica posición del trapecista colgado de su
trapecio volador. Efectúo un altísimo salto, por suerte no
mortal, comprobando que con esta configuración de vuelo el ala,
aunque bastante estable, vuela a una velocidad bastante superior a la normal
y sin posibilidad de controlarla. Todo lo que sube baja, y vuelvo a la
dura realidad de la Tierra.
Considerando que mis dos piernas no iban a ser suficientes para asegurar
una toma de tierra adecuada (buscaba tomar tierra pero sin "Jartarme")
solté mi amada y preciada ala (más de medio kilo) al llegar
al suelo. Entonces, mi alegría por no haber perdido la integridad
física, quedó claramente superada por la angustia de comprobar
la sana tendencia positiva de mi, hasta entonces, inmaculada ala, que hizo
que adoptara una posición de morro muy alta y se elevara más
de 5 mts. Que bueno hubiera sido que el carrito no estuviera allí
pensé entonces.
De todas formas me salvé y prácticamente no se rompió
nada. El ala cayó por derecho e impacto contra el suelo aproada
al viento y recuperándose del caballito gracias a su buen carácter
"positivo", y sin llegar a tocar al dichoso carrito.
Con este artículo quiero recordar, que siempre existe la posibilidad
de olvidarnos de algo, aunque sea totalmente básico y sencillo.
Por eso, antes de despegar, se tienen que repasar los pocos puntos esenciales
que necesita un ala para volar, para asegurar que no se nos escapan. Y
el más fácil de olvidar es el de engancharse al Ala.
Yo, a partir de lo ocurrido, me he prometido gritar antes del vuelo:
"antes de volar, revisar y enganchar". Y el día que no lo recite,
a copiarlo cien veces. Y también intentaré revisar que esta
colgado (del Ala) el compañero que va a despegar antes que yo.
Para terminar y para remarcar la importancia del asunto, debo comunicaros
que los dos únicos accidentes mortales que recoge la revista Alemana
de Ala Delta en su último número se han debido a despegar
sin engancharse. ¡Que no nos ocurra esto a nosotros!.
Saludos y buenos vuelos.
Carlos Puñet.
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