|
Autor Tom Bradbury - Traducción y edición: Javier Higueras, de SKYWATCH 57 |
En
su serie sobre cómo y dónde encontrar ascendencia alrededor
de las formaciones nubosas, Tom Bradbury considera la ascendencia asociada
a las ondas, la relación entre la longitud de onda, la velocidad
del viento y la ascendencia y continúa examinando las aberturas
producidas en los estratocúmulos. |
| Longitud de onda, velocidad del viento y ascendencia.
Hace unos treinta y cinco años se sabía que la longitud
de onda y la velocidad del viento se relacionaban mediante una sencilla
fórmula empírica: V=6L+10, donde V es la velocidad del viento
(en nudos) en la capa dentro de la cual se produce la onda y L es la longitud
de onda (en millas náuticas). Así con 40 nudos uno podría
esperar una longitud de onda de unas 5 millas o unos 9 kilómetros.
¡No esperes lograr una gran precisión por este método!
Hay varios modelos matemáticos relativamente simples que le permiten
a uno calcular la longitud de una onda de sotavento y la ascendencia dando
por sentado que la energía ondulatoria está atrapada. El
método más sencillo es un gráfico descrito por primera
vez por Casswell en el Meteorological Magazine en 1.966.
Ha sido ampliamente usado y apareció posteriormente en un artículo
de la revista Sailplane & Gliding por Mike Garrod. Los
resultados son a menudo bastante buenos pero el sistema fallaba muchos
de los mejores días de onda porque contempla dos capas.
Wally Wallington escribió mucho sobre ondas en lo años
cincuenta y creó un modelo de tres capas que difería de los
antiguos modelos de dos capas al tener una capa convectiva en la parte
inferior como se muestra en la Fig. 4 del capitulo IX. La adición
de una capa convectiva inestable hace que la onda sea posible en más
ocasiones.
El modelo de tres capas de Wallington es más complicado
de programar pero da mejores resultados. Como todos los gráficos
que asumen que las ondas están atrapadas, falla los días
de inestabilidad más profunda y/o vientos fuertes en los niveles
bajos. En esos días la energía ondulatoria no está
completamente atrapada. El desarrollo de grandes cúmulos supone
un problema añadido que sólo ha sido resuelto mediante el
uso de grandes ordenadores.
Un sistema adaptado del de Wallington fue usado para obtener
las curvas que aparecen en la Fig. 1. En este caso se asume que hay una
capa isoterma entre 3.500 y 7.000 pies y un viento medio de 50 nudos entre
los 10 y los 30.000 pies. El diagrama muestra lo que ocurre para diferentes
velocidades del viento en los niveles más bajos. La velocidad en
nudos aparece marcada en las partes superior e inferior. La curva
de arriba muestra las longitudes de onda. A medida que la velocidad del
viento de las capas bajas se incrementa desde los 12 hasta los 35 nudos
la longitud de la onda de sotavento aumenta desde algo más de 2
hasta un máximo de 16 Km. Cuando más fuerte es el viento,
mayor es la longitud de onda. |
| La ascendencia es difícil de predecir.
Saber
cómo será la ascendencia es más complicado que saber
la longitud de onda. El valor depende de la altura de la montaña
(en este caso se da por supuesto que es de unos 500 m. o de unos 1.600
pies) y de su anchura. Las montañas grandes producen un desplazamiento
mayor aunque no resulta efectivo si su sección transversal no se
ajusta a la longitud de onda. Las largas longitudes de onda requieren una
montaña ancha. Las ondas cortas se producen mejor en cordilleras
estrechas. En la práctica, en las cadenas montañosas son
de todas las formas y tamaños, por eso uno no puede obtener resultados
fiables. Sin embargo esto no significa que debamos dejar de echar cuentas.
La parte inferior de la Fig. 1 muestra cómo variaría la
ascendencia. Hay dos curvas. En la de línea continua, marcada
como ÓPTIMA, se da por hecho que la anchura de la montaña
se adapta a la longitud de onda. La línea de trazos marcada como
SEMIANCHURA 2 Km. representa una anchura fija. Fijándonos en la
línea óptima uno puede ver que la ascendencia se incrementa
cuando la velocidad del viento aumenta hasta alcanzar un valor de 30 nudos.
Después la ascendencia cae y el sistema se colapsa a velocidades
por encima de 35 nudos. Esto es debido principalmente a la profundidad
de la capa estable. Los vientos fuertes necesitan una capa de mayor estabilidad
para que se formen ondas atrapadas. Subiendo la altura de la capa estable
a 10.000 pies uno puede acomodar vientos superiores a los 50 nudos a los
niveles bajos.
La curva dibujada a trazos indica todo lo que se pierde con velocidades
de viento bajas cuando tenemos una montaña demasiado ancha. La longitud
de onda es demasiado corta para ajustarse a la topografía. El valor
de la mejor ascendencia es de 11 nudos cuando la velocidad del viento ronda
los 30 nudos. Entonces podemos ver (si seguimos la línea de puntos)
que la longitud de onda es de unos 11 Km. No obstante, cuando la velocidad
del viento decae la ascendencia disminuye rápidamente y llega a
ser de menos de 2 nudos cuando la velocidad del viento baja por debajo
de los 16 nudos.
Pero estos resultados ¡no son dignos de confianza! Dependen del
viento que sigue el contorno de las montañas y de ondas con un suave
perfil sinusoidal. En el mundo real de las cosas las montañas raramente
son suaves y regulares; el flujo de bajo nivel no sigue sus formas sino
que escapa entre ellas. Las líneas del flujo pueden, bajo ciertas
circunstancias, ser verticales o incluso retroceder.
Sin embargo es interesante destacar que hace muchos años se consideraba
que la mínima velocidad del viento a baja cota necesaria para producir
ondas en las montañas pequeñas debía de ser de 15
nudos. Más recientemente se ha visto que en la mayoría de
los días el viento a bajo nivel era de unos 30 nudos. |
| Cómo el flujo puede variar cuando se altera la velocidad
del viento.
La
Fig. 2 muestra cómo las líneas del flujo pueden cambiar cuando
la longitud de onda se altera. En A el fuerte viento produce una longitud
de onda larga, tanto que el flujo se rompe desde la ladera de sotavento
dejando un remolino y, a menudo, mucha turbulencia en el valle. En B una
velocidad media de viento acorta la longitud de onda y, dado que se ajusta
mejor a la anchura del monte, la onda tiene una amplitud mayor y produce
mejor ascendencia. En C la longitud de onda es corta. Como resultado de
esto la onda se puede inclinar dramáticamente. En casos extremos
la onda puede incluso volverse hacia atrás y romperse produciendo
condiciones muy turbulentas y duras. (Esto es descrito con mayor detalle
en el próximo artículo). Finalmente, D muestra una longitud
de onda demasiado corta; la onda desaparece o degenera en un pequeño
oleaje de poca profundidad demasiado débil como para resultar útil.
|
| Observaciones de las ondas reales.
La
Fig. 3 presenta un patrón típico de nubes y el flujo en una
onda de tamaño moderado sobre el Reino Unido. La inclinación
de barlovento hace que el salto de onda a onda se convierta en una prueba
de paciencia. Volando hacia delante, a gran velocidad, uno alcanza la cresta
de la lenticular esperando encontrar ascendencia justo un poco más
allá. Frecuentemente la ascendencia no comienza hasta que uno no
ha alcanzado, o incluso rebasado, su borde de barlovento.
|
| Nubes lenticulares.
Una cadena montañosa larga normalmente produce una franja
ondulatoria bastante uniforme pero la ascendencia varía normalmente
cuando la vuelas de extremo a extremo. Una nube lenticular suficientemente
gruesa es, a menudo, una buena indicación de dónde se encuentra
la mejor zona de la onda. Las lenticulares más delgadas que se producen
más arriba son muy atractivas pero frecuentemente suelen ser más
indicadores de humedad a gran altura que de ascendencia fuerte. Algunos
días estas lenticulares tan delgadas y altas son parte de un sistema
ondulatorio diferente situadas muy por encima de las ondas propicias para
el vuelo a vela. |
| Primeras condensaciones.
En los niveles más bajos los mejores indicadores del comienzo
de la ascendencia ondulatoria son los pequeños fragmentos o bocanadas
de nube que comienzan a aparecer justo por delante de la franja nubosa
principal. Estos fragmentos nubosos crecen hasta convertirse en cúmulos
propiamente dichos a medida que se desplazan con el viento. Marcan de una
forma bastante fiable el comienzo del ascenso. Desde el suelo uno puede
observar que estos fragmentos se transforman en nubes en un minuto o menos
pero en vuelo el cambio es más difícil de percibir. |
| En la realidad las ondas frecuentemente cambian; a veces de forma
muy rápida.
Los modelos matemáticos que son lo suficientemente simples para
ser visualizados en un ordenador de escuela muestran que algunas de las
ondas son muy sensibles a los pequeños cambios de la velocidad del
viento o del grado de estabilidad. Un incremento de sólo 5 nudos
del viento de los niveles más bajos o una pequeña reducción
de la profundidad de la capa estable pueden romper el sistema ondulatorio.
Los modelos simples han de asumir que el flujo ha alcanzado un estado de
estabilidad. En la práctica esto lleva tiempo, a veces una hora
o dos, hasta que se alcanza un flujo estable y continuo. Igualmente cuando
las condiciones se modifican sus efectos no aparecen hasta que el sistema
se reajusta por sí mismo. Las grandes instituciones dedicadas a
la investigación, las cuales disponen de ordenadores capaces de
procesar cantidades numéricas monstruosas, pueden usar complicados
modelos no lineales de cálculo en tres dimensiones que muestran
cómo se desarrollan los cambios y cómo se propagan. Estos
método de alta tecnología no siempre son más útiles
que las respuestas proporcionadas por los modelos simples pero sí
pueden revelar algunos resultados sorprendentes. |
INDICACIONES DE UN CARÁCTER MÁS VISUAL
Ondas muy estables.
Cuando hay una inversión muy fuerte y los vientos son bastante
ligeros, de 20 o 40 nudos hasta los 5.000 m., normalmente nos encontramos
con un sistema de onda estable con una longitud de onda corta. La ascendencia
a menudo desaparece rápida e inesperadamente cuando la inversión
es particularmente fuerte. No obstante mientras los espacios permanecen
despejados el vuelo de cross-country resulta fácil. Con tal longitud
de onda corta (debida al viento flojo y a la fuerte inversión) resulta
sencillo cruzar de una franja ondulatoria a otra. El único problema
en tales días es que los claros se llenen de nubes. |
| Claros en los estratocúmulos.
La
Fig. 4 ilustra un flujo ondulatorio suave con una capa de estratocúmulos
que discurre bajo una inversión. La existencia de aberturas en la
capa nubosa depende de lo húmedo que el aire sea. El aire muy húmedo
presenta muy pocas, si es que se produce alguna; su formación depende
de la amplitud de onda. Una gran colina produce a menudo un incremento
localizado de la amplitud de la onda. En tal caso el flujo de aire se hunde
más, produciendo una abertura, y se eleva más alto formando
una cúpula en la parte alta de las nubes. Estas ondas son bastante
comunes con flujos del oeste-noroeste que rodean un anticiclón.
Cuando el aire más húmedo comienza a invadir lentamente
las zonas altas, uno debe de permanecer atento al cierre de los claros
en las nubes. Los informes por radio de lo que ocurre corriente arriba
nos pueden alertar. Si las nubes extienden sus dedos sobre los claros,
éste puede ser frecuentemente un buen signo de que una masa de aire
cargada con más humedad ha llegado. Si uno queda atrapado por el
cierre de los claros de las nubes de la onda puede buscar un escape volando
viento en cola; siempre y cuando en esa dirección no haya terreno
más alto. De esta forma uno puede tener la esperanza de regresar
al aire más seco en el que, todavía, hay claros de nubes. |
| Foto de la primera página (no perteneciente al original):
Nube de onda de sotavento en primer plano (vista en contra de viento) en
Boulder, Colorado. El amontonamiento de las nubes lenticulares da a la
banda nubosa un aspecto irregular. A mayor distancia hay una nube
de onda situada sobre el Continental Divide, la principal barrera orográfica.
Las montañas en primer plano (que en la foto parecen mayores) son,
realmente, estribaciones más pequeñas.
|
|
|