La quinta montaña más alta de Baleares sirve por primera
vez de pista de despegue para el vuelo en Ala Delta.
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Desde
que empecé a practicar el deporte del Ala Delta hace tres años,
la idea de unir el Vuelo Libre con el montañismo no cesaba de dar
vueltas en mi cabeza. Cuando estaba en los despegues oficiales para alas
delta y parapentes echaba de menos el aroma de las montañas del
que siempre he disfrutado cuando camino hacia su cumbre; y cuando subía
alguna cumbre me imaginaba el placer que sería para mi poder montar
allí mi ala y despegar desde el mismo lugar. De este modo empezó
a fraguarse en mi interior un sueño que, más tarde, y con
la ayuda de buenos amigos "xerpas", he conseguido hacer realidad.
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El Puig Tomir es la quinta montaña más alta de Mallorca
(1.103 metros). De las grandes (Puig Major, Massanella y Galatzó)
es la más oriental. Cayendo por la vertiente Este, encontramos Pollença;
a sus faldas, en la Sur, Campanet; hacia Poniente, su hermano mayor, el
Massanella y, resguardando del viento de Tramuntana, el Puig Roig. En su
vegetación típica de la sierra de Mallorca encontramos pinar
y encinar en la cotas bajas, que luego desaparece para dejar paso al matorral
mediterráneo.
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Durante un año realicé varias ascensiones para localizar
lugares en los que fuese posible despegar el Ala Delta, y también
estudiar el comportamiento de los vientos en esta dichosa montaña.
Al final lo encontré: una gran losa de piedra plana con una inclinación
de unos 45º orientada al Sudeste en la cual, los días de verano,
gracias a unas brisas locales, el viento se encaraba perfectamente, y proporcionaba
unas condiciones idóneas para despegar.
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Al igual que el resto de las veces que he necesitado ayuda para realizar
un proyecto, llamé a mis amigos los "xerpas". Les gustó la
idea y, con la condición de pagarles, claro está, una buena
comilona, se ofrecieron a prestarme sus fuerzas y su grata compañía.
Solamente en una cosa nos pusimos todos de acuerdo: aquello era una auténtica
locura. Teníamos que cargar con un aparato de 6 metros de largo
y 35 kilos de peso, además de todo el equipo complementario por
una de las subidas más duras que uno puede encontrarse en la "Serra
de Tramuntana" y, además, en pleno agosto. Pero estas razones de
tanto peso no fueron un impedimento para realizar el proyecto, ¿no
están las locuras presentes ante nosotros para llevarlas a cabo?
Costó, pero lo conseguimos. A las tres de la tarde estábamos
arriba, frente al despegue, con mi ala, "la Venceja". A las 16:00 horas,
cuando el ala estaba ya montada, se oyó el primer trueno. No tardó
en llover. La estampa era curiosa; la gran expedición, en pleno,
refugiada bajo el ala esperando a que cesara el mal tiempo. Paró,
pero el aire no estaba para tonterías ese día, y decidí
aplazar el vuelo para el siguiente..
Bajamos e hicimos noche en Binifaldó. Amaneció, recogimos
y volvimos a subir. Esa vez si; monté, me coloqué en la rampa
y salí.
El espectáculo fue maravilloso, sobrevolar sin ningún
esfuerzo la montaña que tanto nos había costado subir. Aterricé
en Campanet sin problemas. ¡Todo bien! A mis compañeros todavía
les quedaba un largo descenso. A ellos me gustaría dedicarles este
sueño hecho realidad.
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Gracias a Santicorrell, José Bombero, Susanca, Juan Llarg, Tomeu,
Antonia y nuestro sufrido fotógrafo, Soni. Agradecimientos también
a "Es Refugi".
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Texto: Arnau Perelló y Zahara Muñoz
Fotografía: Santi Gelabert - Soni
NOTA: El texto y las fotos corresponden al artículo publicado
en la revista "Brisas" nº 652 de 17 octubre 1999. Próximamente
ampliaremos el relato y publicaremos fotos de mejor calidad.
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